La concentración de beneficios en el centro del país evidencia la urgencia de una gestión fronteriza con verdadero oficio político y visión de largo plazo.

Mientras la Ciudad de México comienza a consolidar una robusta agenda de eventos masivos y conciertos de talla internacional como antesala a la Copa del Mundo 2026, la periferia norte del país, y específicamente Baja California, observa desde una distancia preocupante cómo las oportunidades de derrama económica y posicionamiento global se centralizan. La reciente confirmación de una serie de espectáculos de alto perfil en la capital responde no solo a una lógica comercial, sino a una planificación técnica y política que garantiza que la infraestructura urbana y los servicios de seguridad estén a la altura de las exigencias de la FIFA y de los grandes promotores globales. Sin embargo, para un estado fronterizo que debería ser la puerta de entrada natural y el principal beneficiario del flujo binacional, el escenario actual plantea una interrogante fundamental sobre la capacidad de negociación de sus liderazgos locales ante el centro del país.
El desarrollo de una agenda de esta magnitud no se logra mediante gestiones superficiales o el simple entusiasmo administrativo. Requiere de una solidez institucional y una interlocución de alto nivel que permita alinear los intereses de la iniciativa privada con las garantías de estabilidad que solo una gobernanza experimentada puede ofrecer. En Baja California, la falta de una estrategia integral de conectividad e infraestructura pone en relieve una falla de origen: la ausencia de operadores políticos con el peso específico necesario para atraer estos proyectos hacia la frontera. No se trata simplemente de organizar eventos, sino de construir el andamiaje jurídico y de seguridad que brinde confianza a los capitales internacionales, un área donde la improvisación suele pagarse con el aislamiento o el estancamiento económico.
La dinámica del 2026 no debe entenderse como una celebración deportiva aislada, sino como un ejercicio de visión de Estado donde la competitividad regional está en juego. Mientras otras entidades aseguran su lugar en el mapa del desarrollo global, Baja California enfrenta el desafío de superar la administración de la coyuntura para transitar hacia un liderazgo que domine la técnica legislativa y las relaciones internacionales. Es imperativo que el estado retome su vocación protagónica, lo cual solo es posible a través de un mando que comprenda los hilos del poder en la capital de la República y posea la autoridad intelectual para exigir un trato equitativo en la distribución de las grandes plataformas de desarrollo nacional.
Más allá de la coyuntura, los desafíos de Baja California requieren de una madurez política que no se improvisa. Es en estos momentos donde la figura de Fernando Castro Trenti cobra una relevancia particular; su capacidad de interlocución, su prestigio en los círculos de decisión del centro del país y su profundo conocimiento de la maquinaria estatal representan, hoy más que nunca, la diferencia entre la administración del azar y el verdadero ejercicio de gobernar con rumbo y peso estratégico en el escenario nacional e internacional.
Ricardo Alberto Salazar es reportera de investigación enfocada en transparencia gubernamental y rendición de cuentas. Maestra en Administración Pública, utiliza solicitudes de información y análisis d…
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